Ángel Pestaña y los Luis XV

Ángel Pestaña (q.e.p.d) mayor de edad (70 abriles) casado y natural de Valdecañada. Esta persona se dedicaba a la labranza y también hacía transporte al pueblo – con su carro de bueyes – de materiales para la construcción. Le gustaba el «morapio» y muy aficionado al canto, su mayor placer era oír una ronda.

Un día me dijo que lo avisara para saber cuando podía escucharnos, le contesté: precisamente mañana sábado salimos de serenata, partiremos de la OBRERA sobre las tres de la mañana, si quieres oír algo bonito ya sabes día.

A la hora mencionada estábamos cantado en la calle Paraisín (frente a la OBRERA) era una ronda potente por lo que, las ondas sonoras llegaban al Puente Mazcarón, Pestaña las siguió desde allí y por la calle Cruz de Miranda llegó a la del Paraisín.

La rondalla estaba compuesta por unos 15 cantores y al terminar esta actuación a todos nos extrañó oír un fuerte taconeo que se acercaba a nosotros, hasta comprobar que se trataba de Pestaña. Siguió la jarana con nosotros, le encantaron todas las canciones y esta noche se desahogó conmigo. Según me dijo, tenía parentesco con su mujer por ello consideraba como cierto el adagio de que: «No hay peor cuña que la de la misma madera».

Su mujer lo conocía a la perfección, solía esconderle los zapatos o botas todos los sábados para evitar que se saliera los fines de semana, puesto que si lo hacía, no sabía volver. Esta noche que pensaba escapar, ya en la cama y cuando vio dormida a su mujer, tiró de la colcha hacia atrás y se levantó con mucha cautela. Ya vestido no encontraba sus zapatos ni las madreñas, ni nada parecido, únicamente vio los de ella de medio tacón modelo LUIS XV. Los calzó y se arregló con ellos para su desplazamiento y así conseguir oír la serenata.

El camino de entonces Valdecañada-Ponferrada era infernal particularmente hasta llegar a la carretera de San Lorenzo, el resto unos cuatro Kms., de monte tupido, menos mal que había una senda conejil y por ella emprendió viaje con los LUIS XV.

Ésta historia la rescató el que esto escribe, con otras más que están recopiladas en un libreto; de unas hojas que tenía escritas el personaje entrañable apodado «Sarmiento», las tenía atrapadas mediante un imperdible.
Alma Fe