Villafranca del Bierzo, el tiempo recobra su ritmo.

Villafranca del Bierzo, una pequeña Compostela que nos atrapa entre sus calles y recovecos; una villa histórica que rezuma cultura, paisaje e historia.

Aunque se tienen nociones de la presencia romana en la zona, el comienzo de las peregrinaciones a Compostela tras el descubrimiento del cuerpo del apóstol en el año 813 d.C. emerge como el hito fundamental en la fundación de este núcleo. Servía para la asistencia a los peregrinos previa al angosto paso por el valle del río Valcarce.

El origen más propio se asocia al monasterio de Santa María de Cluniaco, donde benedictinos franceses de Cluny, los monjes negros, se asientan en 1070 bajo el reinado de Alfonso VI, para atención de los peregrinos franceses y trayendo, entre otras cosas, el cultivo de la vid. Así también paralelamente se fue formando un burgo de francos, peregrinos franceses que permanecerían en estas tierras y que daría el nombre villa francorum e importancia a la población.

En 1186, el obispo de Astorga obtuvo una bula papal para fundar una iglesia en suelo próximo a Villafranca, que pudiera ser la de Santiago, donde los concheiros imposibilitados de concluir la ruta jacobea podrán aquí ganar el jubileo. Así que Camino de Santiago, cultivo del viñedo y comercio se establecen como los pilares sobre los que se fundamenta el crecimiento de la Villa.

Iglesia de Santiago
Puerta del Perdón

Clero y Nobleza le dan Grandeza.

Al monasterio cluneciense y la actividad hospitalaria para los peregrinos se van sumando nuevos centros de devoción como la famosa Anunciada, San Nicolás y el Monasterio de los Paules, la posterior colegiata que sustituye al monasterio, la iglesia románica de San Juan, el convento de la Concepción, y la iglesia de San Francisco. Sorprende semejante acúmulo de monumentos religiosos en tan cercado pueblo.

Pero ya a partir del siglo XIII comienzan a asentarse nobles familias que jalonan su presencia en Villafranca con palacios, casas blasonadas, corredores, mampostería, torres y muros que dotan a las calles de Villafranca de un empaque imponente. El Castillo-Palacio que adorna la parte alta de la villa, y las casas nobiliarias que jalonan la mágica calle del Agua son ejemplos deslumbrantes de la arquitectura civil.

Piedra y Madera marcan el carácter.

El peso de la historia, de sus construcciones de piedra y madera, y de las tradiciones vividas marcan el carácter de los habitantes de la villa. Dicen que Villafranca del Bierzo ejerció de capital de la extinta provincia berciana en el año 1822, contaba con 690 vecinos y ostentaba los poderes tradicionales: aristocracia, terratenientes y clero; y es que Villafranca ha tenido siempre vocación capitalina.

Aunque Villafranca se constituyó como el núcleo histórico del Bierzo, para los pueblos de los alrededores sus gentes son unos señoritos arruinados y presumidos que no la hincan, que no quieren mancharse las manos.
La villa es cuna de importantes políticos y aristócratas. También son destacados hijos de la misma escritores como Enrique Gil y Carrasco, Ramón Carnicer o  el poeta Antonio Pereira.

Villafranca encarna a la perfección la personalidad contradictoria de la región donde conviven mitos y realidades, supersticiones y verdades científicas, fábulas e historia, los idiomas castellano y gallego, sectarios y librepensadores. El berciano abandona o margina el trabajo del campo por su dureza y exigencia, para buscar los bienes de forma más rápida. Todo ello unido a la riqueza de sus montañas ha generado importantes explotaciones como por ejemplo las minas de Wolframio en la Peña del Seo de Cadafresnas.

Contradictorio también es el paseo por su Calle del Agua, en el que el abandono y estado ruinoso de sus inmuebles contrasta con la grandiosidad de palacios, monasterios, escudos y torreones. Pero lo que es seguro es que el tiempo, en Villafranca, recobra un ritmo más natural, más humano y cercano. Un tiempo acompasado con los ciclos naturales que hacen al viajero sentir que su estancia resulte más placentera.

Bodega de los Paules
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